Pilca de mi corazón

A veces la inspiración llega…a las siete de la mañana!!! Grrrr!!!!

Nací en la Estancia Pilcañeu una madrugada del 7 de Junio de 1969. Aparentemente me adelanté quince días debido a la mudanza ocurrida desde la Estancia Alicura y por la que mi madre no solo no se quedó quieta, sino que trabajó activamente hasta dejar todo impecable.

Vine al mundo ayudada por el Dr. Caviglia, que de casualidad no estaba visitando a su novia en Bariloche y de Ida Roberts, enfermera y esposa del mayordomo de la estancia.

Según historias que escuché, vine con pelo de alambre, cara hinchada y una tonalidad amarilla, que duró como tres meses. Creo que hay tres fotos mías de ese tiempo y en todas aparezco con ropa de lana y cara de china obesa.

Mi papá siempre contaba que para domar mi pelo, me peinaban con agua y me ponían un gorrito, esperaban un rato y cuando me sacaban el gorrito, mi pelo automáticamente se iba para arriba y quedaba como un punk de los 80, pero sin pintura en los ojos.

Crecer en Pilca fue único, inigualable e incomparable.

Cierro los ojos y me remonto a mi infancia…

Es verano, de mañana, hace calor, el sol ocupa una gran porción, el resto lo ocupa el cielo azul, azul, azul. Es como una media esfera gigante, sin límites.

Abajo las lomas redondeadas quedan chicas con respecto al cielo. Su color es amarillo y verde. Traen olor a neneo, coirón, michay y florcitas blancas, esas que salían cuando nacían los corderitos.

Estoy vestida con short, remera y descalza. El día es todo para mí.

Trepo un árbol y me como una manzanita verde. Espero a Marina, mi compañera de juegos, que seguro está levantada desde las siete de la mañana y ya se mandó un par de macanas.

Vamos a la quinta de la tía Isabel,su mamá, que ya nos dijo que no le pisemos lo que está plantado. No le pisamos nada pero le arrancamos la mitad de las zanahorias y nos las comemos. Después vamos a buscar maíz en unas latas de duraznos vacías para darles de comer a las gallinas. Yo llego hasta el cerco, porque aunque viva en el campo, le tengo miedo a esos bichos impredecibles.

Agarramos las bicicletas y salimos a dar una vuelta. Si tenemos la suerte de no encontrarnos con el carnero entrenado para topar por los hermanos de Marina, la vuelta es placentera, sino se convierte en la escapada del carnero, porque si te agarra te tira de la bici.

Pasamos por la oficina y ahí están nuestros padres trabajando. Nos atiende Tito, siempre amigable y bien peinado. Nuestras madres están sentadas atrás de unas máquinas de escribir ruidosas. Los dos papeles con el carbónico en el medio son infaltables.

Mi papá está con una calculadora, que no tiene forma de calculadora, haciendo cuentas y cada tanto tira de una manija. El rollo de papel sale lleno de número y asteriscos.

Don Carlos, Charlie para otros, está en su oficina. Nos llama y nos hace algún chiste, que generalmente no entiendo, pero festejo porque los demás parecen entender.

Es el papá de Glynn, otro amigo, que en ese momento no dejan salir porque se tiene que bañar, o porque almorzó temprano y tiene que dormir la siesta.

Salimos de la oficina y nos trepamos al árbol bajo y grueso que hay afuera. Jugamos a hacer equilibrio en las ramas o a la casita. Nos aburrimos.

Subimos a las bicicletas nuevamente y hacemos un circuito. Pasamos enfrente de la casa de Marina, subimos un poquito, dejamos de costado la casa de Glynn, doblamos a la izquierda, abrimos la tranquera que siempre está cerrada, pasamos por la leñera, volvemos a doblar a la izquierda, comenzamos a bajar suavemente, pasamos por mi casa, por el molino, seguimos por un sendero hasta la casa de empleados, doblamos una curva hacia abajo y pronunciada, ahí es donde siempre me pego un golpe.

Me levanto, arrastro la bici hasta la cocina de la casa de empleados. Ahí está Doña Emilia, la cocinera, que para consolarme me da una torta frita. También le convida a Marina.

Cuatro tortas fritas después seguimos camino.

Nos metemos en la cancha de tenis, que todavía conserva piso de ladrillo, aunque le crece algún yuyo aquí y allá. Nos ensuciamos las zapatillas Topper blancas y seguimos hacia el galpón de esquila.

Nos encontramos con el tío David, el papá de Marina, que nos dice que tengamos cuidado con la prensadora de lana, que está abierta.

Allá vamos a ver como trabajan los esquiladores. Todo el proceso es interesante. Pareciera que afeitan a la oveja. Es tan lindo verles la piel rosada recién esquilada! Y la lana, tan gris de un lado y tan blanca del otro! El olor!  Mezcla de aceite para máquinas, sudor de hombres, madera, desechos de oveja. Es un olor fuerte, pero no feo.

Tenemos que ir a comer. El tiempo es nuestro pero los horarios se respetan. No tenemos reloj, pero todo dice que hay que ir a casa. Será que sonó la campana para llamar a los peones, o que la gente camina hacia la matera, pero sabemos que nos tenemos que ir.

Llego a casa y hay asado al horno con papas. Qué rico! Menos mal que no hay guiso, puchero o niños envueltos.

La siesta de mi papá se respeta, asique prefiero volar. Las opciones son: salir a juntar michay por las lomas, ir en bici hasta el pueblo o las piedras altas, pero para eso se necesitan los hermanos y permiso especial de nuestros padres; ir hasta el arroyo, aunque también hay que avisar. Lo mejor es ir hasta la casa grande y colarnos por alguna ventana para inspeccionarla por decimonovena vez este verano.

La casa grande, es para aquellos que no la conocen, la casa principal de la Estancia. Muy grande, del estilo de las que aparecen en la revista Hola, que siempre estaba preparada para cuando llegaran los dueños. Siempre limpia, encerada y ordenada. Con unas camas con resortes, precursoras de las camas elásticas actuales, en las que no nos cansábamos de saltar y pasar de una cama a otra.

Con unos sillones de telas estampadas inglesas, con almohadones de pluma que eran como el cielo mismo para tirarse de espaldas desde el respaldo o los apoyabrazos.

Con pasillos largos, que con medias, podías patinar media casa de un solo saque si te dabas el envión adecuado.

Con un pasadizo secreto ( leíamos muchas novelas del Club de los Cinco de Enid Blyton), te conectaba a distinto lugares donde había cosas archivadas y divertidas como una mesa de billar, un maniquí de costurera, camas desarmadas, sillas en desuso y muchas cosas más que me daba un poco de miedo mover por si salía alguna clase de fantasma.

Siempre terminábamos escuchando un ruido raro y ominoso que no convencía de salir disparados para afuera.

Sin ganas de irnos, nos trepábamos al paredón de casi dos metros de alto por más de una cuadra de largo, donde nos dedicábamos a caminarlo en todo su largo, ida y vuelta hasta cansarnos. Cabe agregar que no era más de 40 cms de ancho.

Mi mamá nos esperaba a tomar la leche con una mezcla buenísima de nesquik con crema, hielo y leche que reponía las fuerzas para seguir vagando por ahí. Eso y el pan de la panadería del pueblo, que tenía tanta miga como cáscara y que fresco era una delicia! (Creo que ahora me estoy empezando a explicar el comienzo de mi peso actual…)

La tía Isabel y mi mamá compartían el gusto de la costura y las revistas Burda, por lo que nunca nos faltaba a Marina y a mí, un vestido de aldeana alemana. Asique, algunas veces, cuando nos aburríamos nos poníamos las blusitas blancas con mangas abullonadas, el vestido rojo adornado con cintas, el delantal blanco haciendo juego con la blusa y nos íbamos a pasear en tranquera.

Entre la leñera y mi casa había una tranquera grandota que se abría hacia abajo, por lo tanto la ley de gravedad hacía el trabajo. Una de las dos se subía a la tranquera y la otra la sostenía contra el poste. La que ya se había subido agarraba el poste para que la otra se subiera y cuando estabamos las dos acomodadas, soltábamos el poste y para abajo se iba la tranquera hasta chocar con el comienzo de la loma. Rebotábamos en el lugar hasta que se acababa la inercia y vuelta a empezar. Hasta el cansancio podíamos estar ahí. Además me acuerdo que podíamos conversar horas, no me acuerdo de qué, pero si me acuerdo de la placidez y serenidad del momento.

Luego de un día agotador, me bañaba en una bañera resbalosa que hacía las veces de tobogán y que mi mamá tenía que venir a sacarme después de varios avisos que terminara con el larguísimo baño; cenaba y antes que se apagara el motor que mantenía la luz prendida para toda la estancia, me acostaba, con algún gato a mis pies y mis dos hermanos de compañeros de habitación.

Multipliquen 365 por 7 y esos serán los días más felices de mi infancia. Después llegó el colegio pupila y eso es OTRO capítulo y no tan divertido.

Hace un par de años me preguntaba si el cielo y clima en verano eran tal cual me los acordaba, porque para los que no conocen la historia, cuando esa y otras estancias se vendieron, nunca más pudimos acceder a ellas.

Pero en el verano del 2015 , yendo a Las Grutas por la ruta 23, nos desviamos para ver la Estancia por fuera. Y LA TRANQUERA ESTABA ABIERTA!! Y así como los caballos van a la caballeriza, las ovejas al corral y los peces a la corriente; nos metimos a la estancia, sin pedir permiso, y con todo el derecho de sentir que allí pertenezco.

Hicimos un paseo rápido por mi casa, la casa de Marina, la de Glynn, la casa grande, la oficina.

No me molestó no encontrar todos los edificios, porque los que no estaban, yo los veía con los ojos del recuerdo.

Paramos entre el galpón de esquila y la casa de empleados y nos atendió el capataz,que mucho me gustaría acordarme el nombre pero no me acuerdo. Fue amable, cordial y estuvimos charlando un rato largo. Mientras él y Gusti hablaban, pude volver a ver la media esfera azul gigante, el calor veraniego, la serenidad del aire y pude comprobar que mi mente no inventaba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios sobre “Pilca de mi corazón

  1. Nunca la había escuchado, que lindo todo, muy Jane Austen pero del siglo XX, mucho campo. Escribís tan bien (y seguramente te subestimás), pero believe me: es lo más cercano a estar ahí con vos cuando eras chiquita, como estar andando en bici ahí con vos. Te quiero.

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  2. Danielita..!! Me cayó una lagrimita….y otras más….Me encanto leerte…..Y te felicito. Sos (Eres ) una escritora de primera..Té mando un abrazo enormeee.

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