Betty en Bs. As

Una angustia comienza a gestarse en mi pecho. Sube por mi garganta y por fin encuentra los orificios de salida a través de mi ojos y en formas de lágrimas. Por qué? Porque después de disfrutar 13 hermosos días con los chicos, hay que volver a casa. Dónde estoy? Arriba de un avión de Aerolíneas Argentinas ( compañía a la que había jurado no volver a comprarle, pero soy de poca palabra si de ahorrar unos mangos se trata). Por suerte la rodilla de Gusti le pidió cambio de asiento y se fue una fila más atrás, fila 13, en salida de emergencia. Por qué por suerte? Porque Gusti no me deja llorar en paz. Comienza a tratar de mostrarme el lado positivo de las cosas y en este momento tengo ganas de revolverme en mi angustia y sobre todo tengo ganas de llorar hasta cansarme o secarme, lo que suceda primero.
No se apenen! A mi me gusta llorar cuando tengo ganas. Me despeja la pena de fondo y no quedan secuelas, salvo los ojos de lechuza con conjuntivitis.
Es más, debería haber un lugar especial en donde entrar y llorar a gusto, con la tranquilidad de que nadie te va a interrumpir, tratar de consolar, abrazar y menos que menos preguntarte por qué…
Mientras lloro me pregunto si la vida es esto: una eterna despedida con la sola meta de mantenerte vivo hasta que te alcance la parca. Suena depresivo y quizás debería mostrarle esto a mi psicóloga, para que evalúe, como el riesgo de incendio, qué tan cerca del rojo estoy con respecto al suicidio… Pero no se preocupen… Ya estoy escribiendo, comiendo chicle y esperando la bazofia de comida que dan, asique del naranja estoy pasando al amarillo y al verde y ya mi ánimo está estable. Es más, considero que no estoy tan mal como la señora de adelante, que tuvo que pedir una extensión de cinturón, ni tan angustiada como la señora de al lado, que se agarraba al asiento tan fuerte y cerraba los ojos con tanta fuerza, que no le hubiera entrado un alfiler entre los párpados!
Llegó la comida y debo decir que mejoraron un tanto, cambiaron la barrita de yogur de frutilla, por un alfajor, que aunque blanco, está mucho mejor.

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Por supuesto no tienen jugo, ni leche de verdad,asique me conformo con agua ( sin hielo, porque obvio,tampoco tienen)
Lo que si tienen es, por ahora, turbulencia leve, asique a tratar de concentrarme, mientras hacemos hopity hop. El positivamente insufrible o insufriblemente positivo de Gusti, me diría: Es como andar por el ripio ( que yo escucharía a través de mi impaciencia/ mal humor/miedo como: is quimi indir pir il ripiii!!)
En fin! Todo llega a su fin, pero hubo un principio que comenzó en el aeropuerto de Bariloche el 20/4 cuando, por no poder hacer el check in vía web, lo hicimos en el mostrador de Aerolíneas.
La señorita empleada nos informó que mi apellido y nombre estaban dados vuelta y por eso, debían cobrarnos una penalidad de 75 dólares, pero que como ese día no estaba con la regla ( agregado mío, obvio!) sólo nos iba a cobrar 20. Nos negamos, discutimos, Gusti usó su encanto, no sirvió, hicimos llamar al encargado, vino, nos culpó a nosotros por llenar mal la reserva vía web, discutimos que no, usé mi poco encanto, perdí los estribos y me fuí para no explotar, Gusti pagó los 20 dólares, no pudieron revertir en el sistema mi nombre y apellido, nos hicieron una constancia que al no poder revertir en su sistema el error, nos devolvían el dinero. Conclusión: la empleada una amarga, el encargado un bueno, Gusti paganini y yo la más loca ( nada nuevo bajo el sol…)
Luego de un excelente vuelo y un excelente viaje en taxi, llegamos para reunirnos con nuestros hijos y cenar una excelente comida hecha por Ramiro.
Días posteriores organizando y festejando el cumple de Cata. 18 años. Mayor de edad. Universitaria. Responsable. Linda por dentro y por fuera. Nada más que agregar. O mucho más para agregar, pero no quiero torturarlos con el desborde de amor maternal, que al hablar de mis hijos me invade.

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Estuvo acompañada de sus amigos de Bariloche, sus tres abuelos y los tíos y primos locales. Un placer compartir con todos ellos!
Luego de usar el domingo para reponernos, el lunes comenzamos un tobogán de actividades sin fin, variadas y entretenidas que tuvieron como objetivo terminar de convertirles la vivienda en hogar. Para eso Gusti y yo realizamos diversas actividades como transformar la mesa redonda en cuadrada ( cada vez que se sientan a comer dicen: mesaaa cuadradaaa, qué lindoooo), confeccionarles manteles, fundas de colchones, colgar espejos, poner ganchitos para colgar cosas, encargar un mueble chiquito para el baño y colocarlo, limpiar, barrer, lavar y volver a empezar.
También fuimos a hacer trámites al Ministerio del Interior. Por supuesto desde el 16 de Agosto el sistema había cambiado y obviamente había que ir con turno, que por supuesto no habíamos sacado, porque según la información provista por el colegio no era necesario. También, si ya conocen el carácter insistidor de mi marido, sabrán que fuimos atendidos. No lo digo con orgullo, a veces su carácter de no darse por vencido, me dan ganas de caer desmayada y dejarlo argumentando solo, mientras me llevan en camilla lejos, lejos, lejos de donde se está llevando a cabo el choque de voluntades. Pero finalmente resisto y termino disfrutando la ventaja que otorga tener un espadachín virtual de mi parte.
Actualización de datos: la turbulencia duró un ratito nomás! Ya estamos volando serenos y tranquilos.
Una salida más placentera fue al Mercado de las Pulgas, donde no había pulgas, pero sí mosquitos que nos comieron entre dos panes. El lugar parecía un gran living de la abuela y en algunos casos un gran galponcito desordenado del abuelo. A mí la verdad que la mezcla de licuadoras viejas con muñecas rotas no me gusta mucho. Si a eso le agregás vestidos blancos y antiguos ni te cuento. Pero como era el deseo de Cata, no sólo le pusimos el cuerpo, sino que además lo disfrutamos. Lo único que nos pareció es que los precios están desvirtuados. Es más, pudimos confirmarlo, ya que vimos cómo se realizaba una compra de una bicicleta de reparto pintada de rojo, que fue comprada por 1200 pesos y que, mandado por nosotros, Ramiro preguntó el precio y le contestaron 3500 sin que se les cayera ni un poquito de vergüenza!
Fuimos a visitar el museo del lugar, y oh! Sorpresa! Me encuentro con Beto, el costurero, el primer modisto trans de la historia. Inventos que salen de mi cabeza , pero a ese maniquí tan feo había que inventarle un pasado interesante…

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Luego terminamos la vuelta en Los Arcos de Palermo donde Gusti terminó repartiendo Off a propios y ajenos (literalmente, ya que vino una chica con su novio a pedir que les tirara un poco). Lindo lugar, hermosos negocios, multitud de personas y cifras de 4 dígitos en casi todos los precios.
Otro día, otra sensación y me encontré viviendo un cliché de telenovela porteña, mientras recorría la calle Corrientes con el pelo al viento y en un taxi que tenía un tango a todo volúmen. Faltó que el chofer tuviera pinta de actor para sentirme en Rolando Rivas. Claro que yo de parecido a Soledad Silveyra sólo tengo el gusto por el vino tinto…
Y llegó el sábado, día que cursaba Cata, y allá me fui a ver qué es lo que vive ella cuatro veces por semana. Nos tomamos el 109 ( creo) a casi dos cuadras del departamento. Viajamos por muchas calles, algunas conocidas y otras no, pero reconocí Plaza Italia; la estación donde nos bajamos una vez del tren, creo que era Belgrano R; alguna que otra Avenida y luego de 20 minutos, por lo menos, nos bajamos. No alcancé a recuperarme del tropezón de la bajada rápida, que nos subimos al colectivo que venía atrás (les debo el número ) y seguimos el viaje.

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Plazas verdes y amplias, gente en calzas, cuerpos todavía dorados de sol, mucha energía deportiva para ser tan temprano, según mi vago parecer… Luego, el templo blanco y rojo, gigante y desconocido para mí, siempre lo vi desde arriba, pero desde abajo es más terrenal, más concreto. Estoy hablando del Monumental, por supuesto. Seguir, meterse en esa anchísima calle tan recorrida y enorme, creo que es Lugones, para finalmente doblar y meternos de lleno en Ciudad Universitaria.
Y acá tengo que hacer un paréntesis para explicar mi emoción por este paseo. Además de darme la posibilidad de acompañar a mi adorada hija en su nueva vida de estudiante, me permitió cerrar una gran cuenta pendiente.
Siempre quise haber estudiado en Buenos Aires. Pero debido a mi falta de claridad sobre lo que quería estudiar y a la mala actitud de mis padres de no hacerse los tontos y dejarme ir a tontear lejos (porque ese era mi objetivo más claro), cada vez que llego en avión y veo esos edificios universitarios les digo: Algún día los voy a conocer!
Y llegué, acompañada de mi universitaria hija, al edificio de Ciencias Exactas y Naturales. Es como una enorme caja desaprovechada al medio. Tiene tres pisos aprovechados, con dos entremedios desaprovechados. Es muy grande e imponente. Si tenés vertigo es difícil asomarte porque todos los lados son abiertos y dan al centro de la planta baja. Es una mezcla de gimnasio municipal con colegio Nacional de Bariloche.

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De todos lados cuelgan carteles políticos, hay ascensores que andan y otros con sillas adelante, para que no pases. Algunos balcones son tan bajos, que también están tapados con pilas de bancos para que no puedas llegar a asomarte. Subimos al segundo piso y Cata se fue al aula 206 a esperar que abrieran las puertas y así poder entrar en tropel a cursar química. Yo me quedé a mirar esa planta, donde se encuentra el gabinete de computadoras, con temperatura climatizada, según el cartel ; y la biblioteca, enorme y desierta, con mucha luz y pocos libros (por lo menos a la vista).
Decidí cumplir mi segundo objetivo, que era ver a un avión llegando, ya que se deben ver muy cerca. Digo deben, porque me senté, esperé cinco minutos, me picaron 28 mosquitos y huí despavorida a tomarme el 107. Sueño cumplido, caminata por Cabildo y vuelta a casa.
Disfrutando cada cosa y condimentándolo con reuniones con la familia, salidas a comer y en mi caso dejando un surco por el barrio de Once donde nunca me canso de ver telas y proyectar qué negocio voy a llevar a cabo. Y si compro carteras? Y si le agrego accesorios?? O compro más moldes de hacer galletitas? Ayyy!! La nueva moda en bijouterie pareciera que es indígenas norteamericanos! Debería comprar para hacer collares. Y los negocios de envases? Tienen frascos de plástico, de vidrio, con tapa a rosca, con tapa a presión. Si compro algunos de plástico no me van a hacer peso en la valija… Pero ocupan mucho lugar… Finalmente paseo y paseo y compro cuatro metros de tela y una carterita negra ( que ya se me está descosiendo,shhh, no le digan a paganini).
Cenar en dulce montón, charlar y charlar. Abrazarnos mucho, despedirnos a la mañana, ser feliz porque mi mamá se queda un par de semanas más, llamar el ascensor, bajar los bolsos, subir al taxi, despachar los bolsos, esperar el abordaje, transitar el sector 13 de partida ( noten que el 13 aparece varias veces y yo subida al avión!) y llegar a la actualidad. Ya no estoy angustiada. Ya estoy planeando la próxima vuelta! Pero justo acá debo interrumpir porque tenemos que prepararnos para aterrizar. Buen vuelo, gracias Dios!

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Buen vuelo para Uds.también! Y como dice Mercedes Sosa, gracias a la vida porque me ha dado tanto!

2 comentarios sobre “Betty en Bs. As

  1. Cada dia disfruto mas de tus anécdotas betty la costurera . quiero mas!!disfrutar de estas pequeñas lecturas en donde uno se siente identificado!

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  2. Dani, sos una genia admiro mucho lo que escribis desde mi punto de vista la vida tiene muchas despedias que nos alejan de los que queremos pero eso es solo para que almacenemos anecdotas y enriquescamos nuestros proximos encuentros. Beso los espero por cordoba a los 4

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